
Diálogo y reflexión sobre los desafíos socioambientales de la minería en Panamá
4 de septiembre de 2026Discerniendo
“Misericordia quiero, no sacrificios”
J. Sarsaneda del Cid / Jueves 10 de septiembre de 2026
Otra frase “ilustre”, esta vez dicha por la nueva administradora de la Autoridad del Canal de Panamá. “El mercado manda” y nosotros obedecemos, así de tajante, autoritaria y antidialogante es la precisión. Alguien dirá que no tenemos otro camino si queremos seguir con el “negocio” del Canal. Si queremos recibir casi 4 mil millones al año, tenemos que obedecer al mercado. Esta frase, en el contexto del aniversario 49 de la firma de los tratados del Canal, es casi un insulto, una rendición.

¡PUES NO! Ni el Canal es principalmente un negocio, ni el camino del país es únicamente ser tránsito, ni la dignidad del pueblo debe estar supeditada al comercio ni al negocio del Estado. Demasiadas luchas, sudores, sangre y muertes ha supuesto la recuperación de la ZCP para que ahora la dejemos como “negocio en el que el mercado manda y nosotros obedecemos”.
-
Es cierto que el Canal es un negocio que le produce muchas ganancias al país. No se puede negar. Otra cosa es cómo se utilizan esos beneficios, lo cual no sabemos porque no se le dan cuentas al pueblo de su uso.
-
Es cierto que el cambio climático existe y -añade el Papa- “es innegable e irreversible” (en contra de lo que dice el “sabihondo” de Trump), y afecta muchísimo, incluso al “negocio” del Canal. No lo negamos, pero ¿qué vale más? ¿Canal, cobre y oro para que se enriquezcan unos pocos? ¿O bien el ambiente sano y de calidad, para todos los ciudadanos, que está siendo destruido (y lo va a ser más) por la expansión del Canal y la minería extractiva?
-
Panamá, desde la era colonial, es utilizada como tránsito en beneficio del comercio mundial y de los imperialismos. Se hizo el Canal en 1914 y, desde ahí, EEUU ha recibido ingentes beneficios. En el 2000 pasó a manos panameñas, pero no ha sido totalmente para los panameños. ¿Por qué? Porque no se ha diversificado lo suficiente el uso de la posición geográfica. Somos “puente”, somos “pro mundi beneficio”, pero debemos serlo para todos, incluyendo a los panameños.
-
El “señor mercado” ya nos ha llevado a transgredir varias fronteras ambientales (agua, bosques, biodiversidad, ya no somos “carbón negativo”), es suficiente como para separarnos de este camino. El mercado puede mandar, pero nosotros no debemos obedecer ciegamente.
-
La ecología, el medio ambiente, la Casa Común o como se le quiera llamar, no se puede poner bajo el mandato del mercado. Eso raya en el pecado, diríamos los cristianos.





