Como resultado de esta visita, no se han leído más que declaraciones generales sobre las “buenas relaciones con el Vaticano” y el “trabajo por la paz en el mundo”, pero no se sabe bien de qué hablaron más en concreto el Papa y el señor Rubio. Trump había despotricado contra el Papa antes de la visita, dijo que era “un Papa débil y nefasto”, que “quería que Irán tuviera armas nucleares”. [¿Sabrá Trump lo que quiere decir nefasto? Según el diccionario de la RAE significa detestable, desgraciado, desastroso. ¿Será eso el Papa por defender el diálogo y la paz y oponerse a las armas nucleares?].
Con ese precedente, el señor Rubio llegó presumiendo de ser “católico practicante”, a ver si así arreglaba un poco el desastre de su jefe y, de paso, conseguía algunos votos en su país. El Papa León ha dicho claramente que la Iglesia católica y él están en contra de las armas nucleares en cualquier parte (o sea, en EEUU, Israel, Europa, Pakistán, India, China, Rusia, en donde sea). NO a las armas nucleares. Por tanto, el señor Trump mintió al referirse al Papa.
Pero, ¿se puede ser “católico practicante” y apoyar el uso de armas nucleares, el genocidio en Gaza, la violación del orden internacional, la guerra “preventiva”, el daño a las poblaciones pobres con los embargos criminales, por sólo señalar unas cuantas barbaridades de ese gobierno? ¿O qué significa practicar la fe en Jesucristo?
Por un lado, tenemos el grito permanente y constante por la paz (León XIV) y por el otro, la hipocresía hecha imposición, amenaza, bombas, presiones comerciales, guerra (Trump-Rubio). ¿Dónde nos situamos? ¿Qué dice el gobierno de nuestro país en esta disyuntiva? ¿“Calladito me veo más bonito”? ¿Qué dicen los líderes, los “influencers”, los religiosos, los docentes? ¿No nos afecta en nada? Nos estamos jugando el futuro de la humanidad… nada más y nada menos…
Ya no nos llaman “viejos”, ahora nos dicen “adultos mayores” y dentro de unos años, ¿cómo nos dirán? ¿”Sobrevivientes a Trump”? Viejo es sinónimo de acumulación de experiencias y eso no es malo. Buenas o malas, las experiencias pueden enseñar. Por tanto, los viejos podemos compartir lo que nos ha sucedido en la vida y enseñar. Pero ¿será que nos quieren escuchar? Una vez propuse, en una escuela de la Comarca Ngäbe que invitaran a un abuelo y a una abuela para que enseñaran cómo hacer sombreros y chácaras (sabiduría acumulada). Todos estuvieron de acuerdo… pero no se hizo.
¡Hay tanta sabiduría dispersa en los campos! Conozco a un anciano (85 años) ngäbe que es un pozo profundo de conocimientos de salud; lleva 50 años ayudando a su gente con plantas medicinales y… sólo llegó a tercer grado de primaria. Así como él, habemos miles de ancianos que somos las raíces de los jóvenes de hoy. El Papa Francisco levantó su voz muchas veces contra “el descarte de los ancianos” hecho por esta sociedad, porque “ya no aportamos”, aunque tenemos una sabiduría que la juventud por sí sola no puede alcanzar (cfr Frattelli tutti, 19).
“Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa” (FT, 249). Los “viejos” podemos dar nuestro aporte “luminoso” desde nuestra experiencia para que los jóvenes puedan construir y defender una Casa Común solidaria, fraterna, sororal, justa, amorosa. Ese tiene que ser nuestro legado, más allá de nuestra ignorancia tecnológica. ¿Se toma esto en cuenta en las escuelas?